EL CAMINO: "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ". (JUAN 14:6)

"BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA". (MATEO 6:33)

"Y EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN, PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO DADO A LOS HOMBRES, EN EL CUAL PODAMOS SER SALVOS". (HECHOS 4:12)

lunes, 25 de mayo de 2020

No juzgues y no serás juzgado



La expresión “no juzgar” hay que saberla entender porque de otro modo lleva a contradicciones insolubles.
Piensa nada más en esto: Cuando le decimos a alguien: “No juzgues” ya estamos haciendo un juicio nosotros mismos.
Piensa también en que, si uno quisiera evitar absolutamente TODO juicio, uno no podría decir nada sobre los que secuestran niñas para violarlas y matarlas porque entonces uno estaría “juzgando” al que cometió tales hechos.
Y piensa además que, si uno intentara evitar TODO juicio moral, resultaría imposible educar a un niño o a un joven porque educar siempre implica expresar juicios morales; como por ejemplo: “No sigas el camino de los corruptos, que se roban el dinero del pueblo.”
Por último, démonos cuenta de que lo de “no juzgar” se dice y repite machaconamente cuando se trata de ciertos comportamientos (y pecados) mientras que otros sí son condenados duramente. Es frecuente que se aplique lo de no juzgar a temas de afectividad y sexo (implicando que cada quien viva su sexualidad más o menos como le parezca) mientras que el tráfico de drogas o las actividades de la mafia se condenan sin tapujos. O sea que evitamos juzgar en cuanto a los pecados “de moda” y sí juzgamos las lacras “de moda.”
Todo eso muestra que el sentido de las palabras de Cristo no podía ser–y no es–que debemos abstenernos de decir si las cosas son buenas o son malas. Uno no puede ver un secuestro o una violación, por ejemplo, y quedar amordazado por esta interpretación de las palabras de Cristo hasta el punto de no poder denunciarlo porque “eso sería juzgar.”
Entonces, ¿cómo entender rectamente la enseñanza del Señor?
Un buen punto de partida es que Cristo no hablaba español, ni latín; quizás entendía bastante griego pero su mente y corazón provienen del pueblo judío y de la raza hebrea. Lo mejor es explorar las palabras “justicia/juicio” (mishpat) y “juzgar” (shaphat ó shafat) desde el hebreo. Y lo primero que uno nota es que shafat es un verbo que equivale a “gobernar” de modo que el que hace justicia es ante todo el mismo que gobierna, o sea, el rey. Puesto que Dios es el rey del mundo y el soberano de las naciones de la tierra, es claro que “hacer justicia” o dar el “mishpat” corresponde a Dios.
En nuestras sociedades, en cambio, los juicios suceden en juzgados, y pueden ser apelados, e ir a distintos tribunales, de más alto rango; o, por el contrario, hay casos que pueden prescribir y ya no ser sometidos al sistema judicial. En Israel, y en general en todos los pueblos antiguos, el juicio sobre una situación o sobre una persona, era algo que sucedía UNA VEZ y que venía directamente del soberano (no había nuestra famosa separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial); pronunciar juicio no admitía en principio apelación y definía para siempre el destino de una persona. esa es la idea de “juzgar” que está detrás de la advertencia de Cristo.
“Juzgar” en lengua hebrea, es tomar el lugar del juez, y el único juez es Dios, cuyos “juicios” indican la verdad definitiva y el destino final de cada persona. De modo que “no juzgar” equivale a: “No pretendas tomar el lugar de Dios creyendo que puedes conocer o definir el desenlace final de la vida de otra persona.” Por supuesto, ese mandato no implica que suspendamos toda opinión sobre todo comportamiento pues entonces ni siquiera la predicación sería posible.
Y no olvidemos que el mismo Cristo nos invitó a practicar la corrección fraterna (Mateo 18,15-17). ¿Cómo podría yo corregir a mi hermano si cada vez que le fuera a decir que está haciendo algo incorrecto él me dijera: “¡Tú, cállate: me estás juzgando!”
En resumen: el mandamiento de No Juzgar significa que no usurpemos el lugar de Dios en cuanto a qué va a suceder finalmente en la vida de una persona; pero ello no impide que reconozcamos, en nosotros mismos y en los demás, cosas que son incorrectas y que deben ser corregidas.

Fray Nelson
Infocatólica




Ejemplos de “juzgar” en las Escrituras

Como decía en el artículo anterior Fray Nelson, hoy en día la tendencia es pensar que no se debe juzgar; son muchos los que creen que no es correcto denunciar los errores doctrinales, que no se puede juzgar y hay que mantenerse en silencio en vez de advertir de ellos. Pero paradójicamente estas personas que denuncian la mentira, el error, sí son juzgados y acusados de “fundamentalistas”.  Esos que creen fielmente en exponer o delatar el error de acuerdo a la Biblia, la tradición y el magisterio de la Iglesia ahora están siendo ampliamente denunciados y acusados de ser personas faltas de misericordia, cismáticos y herejes. En este escrito presentamos la enseñanza del Evangelio guarda en este tema de vital importancia. 

Uno de los versículos malinterpretados a este respecto de la Biblia es, "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo 7:1).  Cada versículo de la Escritura debe ser leído en su contexto, si vamos a entender su significado propio.  En los versículos 2-5 del mismo capítulo es evidente que el versículo 1 se refiere a juicio hipócrita.  El hermano que tiene una viga en su propio ojo no debe juzgar a otro que tiene una paja en el suyo.   La enseñanza es clara, usted no puede juzgar a otro de su pecado si usted es culpable del mismo pecado.

Esos que se aferran a "No juzguéis, para que no seáis juzgado," al condenar a esos que delatan el error, deberían leer el capítulo entero.  Jesús dijo, "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas…" (v. 15).  ¿Cómo podemos conocer a los falsos profetas si no los juzgamos de acuerdo a la Palabra de Dios?  Si conocemos a los falsos profetas, ¿cómo podemos desprevenir a las ovejas de esos "lobos rapaces?"  A través de toda la Biblia encontramos la enseñanza de que debemos identificarlos y denunciarlos.

"Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos" (Mateo 7:16-17).  ¿Dijo acaso el Señor que no podíamos juzgar el árbol (persona), por el fruto de su vida y su doctrina?  Ciertamente no, porque no pudiéramos saber sin juzgar.  Todo juicio debe hacerse en las bases de la enseñanza del Evangelio, y no de acuerdo a caprichos ni prejuicios.

"No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio" (Juan 7:24).  Aquí el Señor nos manda que "juzguemos con justo juicio" el cual es únicamente basado en la Palabra de Dios.  Si el juicio se realiza bajo alguna otra base, no siendo la Palabra de Dios, es una transgresión de Mateo 7:1.  El diccionario dice que un juez es "uno que declara la ley".  El cristiano fiel debe discernir o juzgar de acuerdo a las bases de la Ley de Dios, las Escrituras.

Un fornicario es descrito en 1 Corintios 5:1-13.  Pablo "juzgó" (versículo 3) al hombre a pesar de que estaba ausente, y dijo a la iglesia de Corinto que deberían "juzgar" (versículo 12) a los que estaban dentro.  La palabra griega para "juzgar" es la misma en Mateo 7:1. Pablo no faltó a "no juzguéis, para que no seáis juzgado" al juzgar al hombre, ni en instruir a la iglesia a juzgar también.  Todo este juicio fue de acuerdo a la Palabra de Dios.

Una persona que es capaz de discernir entre el bien y mal, tiene por lo menos uno de los mayores signos de madurez espiritual.  "Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal" (hebreos 5:14). Acerca del significado de "discernir", "una distinción, una clara diferenciación, discernimiento, juicio; se traduce 'discernir' en 1 Corintios 12:10 discernimiento de espíritus, juzgando por evidencias si es que son de Dios o son del maligno". 

Esos que no desean o son incapaces de discernir o juzgar entre lo bueno y lo malo, están de esa forma revelando ya sea su desobediencia o su inmadurez. 

Los falsos maestros son libres para esparcir sus venenosas doctrinas hoy en día, debido a que hay una conspiración de silencio entre muchos creyentes.  A estos lobos con vestidos de ovejas se les facilita saquear el rebaño, y así, destruir a muchos.

Juan el Bautista llamó a los fariseos y saduceos (los líderes religiosos de ese momento) "generación de víboras" (Mateo 3:7).  Hoy en día, podríamos ser acusados de ser inmisericordes y anticristianos.

Jesús dijo a los fariseos religiosos: "¡Generación de víboras!  ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?  Porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34).  Para muchos católicos, este sería un lenguaje inaceptable en nuestros días, pero es el lenguaje del Evangelio y viene de la boca del Ungido de Dios.

Frente a frente con esos falsos maestros, Jesucristo, el Hijo de Dios, les llamó "hipócritas", "guías ciegos", "sepulcros blanqueados", "serpientes", y "generación de víboras" (Mateo 23:23-34).  Sin embargo, se nos dice que debemos tener compañerismo con esos cuyas doctrinas son justo como las de esos fariseos. 

Cerca del comienzo de Su ministerio: "Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.  Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado" (Juan 2:13-16).  Nuestro Señor se presenta hoy en día como alguien manso, humilde y amoroso aún con los falsos maestros, lo cual es completamente falso.  Cuando trató con los falsos maestros y profetas, sus palabras fueron ásperas y sus acciones claras.

Cerca del final de su ministerio público, Jesucristo encontró la necesidad de limpiar el templo una vez más.  La denuncia de las falsas doctrinas es un trabajo interminable.  Al mismo tiempo Él dijo: "Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones?  Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (Marcos 11: 17).  ¿Hay alguna diferencia hoy?  Los ladrones entran a la casa de Dios y roban al pueblo de Dios, su doctrina, su tradición bimilenaria, el magisterio, deforman las escrituras y pretenden amordazar y paralizar a los que denuncian estas cosas con la Verdad, promulgando la falsa misericordia. De suerte que los fieles que confrontan el error y el engaño con la verdad son acusados de anticatólicos a los que les falta misericordia.

Debemos PROBARLES.  "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1).  Toda doctrina y maestros deben de ser probados de acuerdo a la Palabra de Dios.  "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8:20). La iglesia de Efeso fue aprobada porque habían "probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos" (Apocalipsis 2:2).  La iglesia de Pérgamo fue reprendida porque toleraba a los que tenían "la doctrina de Balaam" y "la doctrina de los Nicolaítas, la que yo aborrezco" (Apocalipsis 2:14-15).  No es correcto tolerar falsos maestros, pero deben ser probados con la Palabra de Dios, y denunciados. 

Debemos MARCARLOS y APARTARNOS de ellos.  "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos" (Romanos 16:17).  Esos cuya conducta y enseñanza contradicen la Palabra de Dios deben de ser señalados y evitados.  Esto requiere discernimiento y juicio. 

Debemos REPRENDERLES.  "Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe" (Tito 1:13).  Esto fue escrito a Tito, porque había algunos trastornando con sus falsas doctrinas (Tito 1:10-16).  El fiel siervo del Señor debe ser "retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1:9).

"Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas" (Efesios 5:11).  Reprender significa "censurar, condenar, encontrar faltas, reprender, y refutar".  ¿Cómo podemos obedecer esta Escritura sino hasta que les probamos de acuerdo a la Palabra de Dios?

Debemos ALEJARNOS de ellos.  "Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros" (2 Tesalonicenses 3:6).  Debemos de alejarnos de esos cuya doctrina y conducta no sea conforme a la Palabra de Dios.  El contexto claramente muestra que la obediencia a la sana doctrina es lo que Pablo tiene en mente, por lo que dice: "Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence.  Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano" (2 Tesalonicenses 3:14-15).  Pablo amonestó a Timoteo para "que se alejara" de esos que "no se conforma a la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad" (1 Timoteo 6:3-5).

Debemos EVITARLOS.  Refiriéndose a estos últimos tiempos, dice que algunos vendrán y "que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita" (2 Timoteo 3:5).  ¿Cómo podríamos alejarnos de ellos si no los identificamos y los juzgamos? Esto requiere que sus palabras sean comparadas a la Palabra de Dios. "Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina" (2 Timoteo 4:2).  Esta es usualmente una impopular e ingrata tarea pero es el deber del hombre llamado por Dios.

NO debemos RECIBIRLOS en nuestras casas.  "Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras" (2 Juan 10-11).  No hay duda de que Juan está hablando de "cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo..." (versículo 9).

Debemos RECHAZAR LOS HEREJES. "Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo" (Tito 3:10). 

Debemos tener cuidado de esos que predican otro Evangelio.  Pablo advirtió acerca de esos que predicaban "a otro Jesús, otro evangelio" (2 Corintios 11:4).  ¿Cómo podemos conocerlos si no juzgamos?  Pablo llamó a dichos predicadores: "Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (2 Corintios 11:13).  Pablo explica en versículos 14-15 que estos predicadores son ministros de Satanás

Pablo advirtió a los Gálatas acerca de esos que quieren "pervertir el evangelio de Cristo". "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (maldito). Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema (maldito). Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo". (1ª de Gálatas 6-10)

Debemos SEPARARNOS de ellos.  "Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré" (2 Corintios 6:17). 

Esto lo aclara todo.  El pueblo de Dios, debe salir de entre la apostasía y el error religioso. 



1 comentario:

  1. Que buena explicación, esto debe sernos dado a conocer por nuestras Parroquias y de esa forma debemos actuar, San Pablo lo enseñó como lo manifiesta en (2 Tesalonicenses 3:6), actuemos con discernimiento, pero con energía. "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (maldito)".

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